A medida que el cultivo de cannabis se extiende por Estados Unidos y el resto del mundo, su impacto medioambiental, sobre todo en lo que respecta al consumo de agua, es objeto de escrutinio. Se plantea una pregunta acuciante: ¿cómo se compara el cultivo de cannabis con otros cultivos que consumen mucha agua, como los aguacates y las almendras?
Las plantas de cannabis requieren aproximadamente de 5 a 6 galones de agua al día por planta durante las temporadas altas de crecimiento. En cambio, un aguacatero consume de 40 a 50 galones diarios, pero produce más fruta durante un periodo más largo. Dependiendo de la densidad de plantación y del clima, el cannabis puede utilizar cantidades similares o ligeramente diferentes de agua por acre en comparación con los aguacates.
Sin embargo, el consumo de agua en el cultivo de cannabis suele ser más preocupante en las regiones donde se cultiva ilegalmente o sin la normativa adecuada. Por ejemplo, en California, muchas explotaciones de cannabis, sobre todo las que no están autorizadas, están situadas en zonas propensas a la sequía y en regiones ecológicamente sensibles. Estas explotaciones ilegales a menudo desvían cursos de agua, destruyen la vegetación autóctona y afectan significativamente a las capas freáticas locales al extraer agua de pequeños arroyos.
En cambio, las explotaciones legales de cannabis suelen aplicar prácticas más sostenibles. Suelen utilizar sistemas de riego eficientes, como el riego por goteo, el reciclaje del agua y la captación del agua de lluvia, que ayudan a mitigar la presión medioambiental. Curiosamente, algunos cultivos de cannabis en interior consumen menos agua por gramo de producto en comparación con las explotaciones al aire libre, debido a un mejor control de los aportes de agua. Sin embargo, el cultivo de interior desplaza la carga medioambiental hacia el consumo de energía y las emisiones de carbono en lugar del uso de agua.
La escala del cultivo de cannabis también influye en su impacto sobre los recursos hídricos. En California, los cultivos ilegales de cannabis se han relacionado con la disminución del caudal de los arroyos y la desecación de los pozos en las zonas rurales. Por otro lado, cultivos como los aguacates y las almendras se extienden por grandes extensiones de tierra y, en conjunto, tienen una huella hídrica mucho mayor. Para contextualizar, sólo la industria de la almendra de California consume más de 1,1 billones de galones de agua al año, una cifra significativamente superior a la del cultivo de cannabis.
Aunque el cannabis puede tener efectos localizados en los recursos hídricos, sobre todo cuando se cultiva sin supervisión, su consumo total de agua aún no se equipara al uso extensivo que se observa en cultivos como los aguacates o las almendras. No obstante, el crecimiento de la industria exige un seguimiento cuidadoso para minimizar su impacto en los recursos hídricos. El fomento de prácticas de cultivo legales, métodos de riego sostenibles y el cumplimiento de la normativa medioambiental serán esenciales a medida que el sector del cannabis siga expandiéndose.
