La evolución del cannabis como producto sanitario: De los remedios históricos al CBD moderno

La evolución del cannabis como producto sanitario: De los remedios históricos al CBD moderno

El mercado mundial del CBD se valoró en 19.000 millones de dólares en 2023 y se prevé que crezca un 16% anual hasta 2030. Este rápido crecimiento pone de relieve la necesidad de examinar la complicada historia del cannabis como producto comercial, que sirve de advertencia para el mercado actual.

El CBD, un producto derivado del cannabis, se conoce a menudo como "la droga milagrosa de nuestra era". Promete beneficios para la salud sin los efectos psicoactivos que suelen asociarse al cannabis. Hoy en día, los consumidores pueden encontrar CBD en diversos productos, como zumos, café, trufas y helados, todos ellos comercializados para ayudar con problemas como la ansiedad y el insomnio.

Sin embargo, la seguridad es motivo de preocupación. En el Reino Unido y la UE, los productos con CBD están sujetos a la normativa sobre "nuevos alimentos" y no a la farmacéutica, lo que significa que no se someten a los mismos controles rigurosos de seguridad y calidad que los medicamentos. El Comité de Toxicología del Reino Unido ha alertado sobre posibles riesgos para la salud, como lesiones hepáticas, lo que ha llevado a la Agencia de Normas Alimentarias a publicar directrices de seguridad.

Los problemas de regulación a los que nos enfrentamos hoy en día se asemejan a los del siglo XIX, cuando el cannabis fue ampliamente comercializado por la industria alimentaria. En la década de 1830, el médico irlandés William Brooke O'Shaughnessy descubrió que el cannabis podía tratar eficazmente los espasmos musculares y los calambres estomacales. El psiquiatra francés Jacques-Joseph Moreau exploró su potencial para el tratamiento de la salud mental, lo que llevó a muchos médicos de la época a promover el cannabis como remedio universal.

En poco tiempo, el cannabis se convirtió en un ingrediente habitual de los medicamentos patentados. Sin embargo, su uso no se limitó a las farmacias, sino que también llegó a los productos alimenticios. Curiosamente, este cambio no fue iniciado por la industria alimentaria, sino que tuvo su origen en los esfuerzos de Suecia por combatir la tuberculosis, una de las principales causas de muerte en las distintas clases sociales de la época.

Paul Petter Waldenstrom, líder de la Alianza Misionera Sueca, escribió una carta a Svenska Morgonbladet sobre una mujer que se había curado de tuberculosis consumiendo unas gachas caseras hechas con semillas de cáñamo, harina de centeno y leche. Su apoyo a este remedio popularizó las "gachas Waldenstrom", impulsando a muchos a crear sus propias versiones.

Reconociendo una oportunidad de negocio, el empresario J. Barthelson desarrolló una versión comercial en polvo llamada Extrait Cannabis. Lo comercializó como remedio dietético para la tuberculosis, las enfermedades del pecho y la fatiga. A medida que aumentaba la demanda de estos productos, los competidores adoptaron rápidamente tácticas similares, a veces utilizando un marketing basado en el miedo para convencer a los consumidores de que ponían en riesgo su salud sin estos remedios.

Uno de los productos con infusión de cannabis más notables de aquella época fue Maltos-Cannabis, una mezcla de maltosa y cannabis comercializada por la Fábrica Técnica de la Cruz Roja como bebida nutritiva y solución para la salud.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

es_ESSpanish